1/30/2007

Crónica de un abrazo

Apenas recuerdo haberla visto entre la multitud. Estaba sentada en el borde de una acera. Se paró frente a mí y en el silencio más profundo, me miró y se me echó encima. Era el abrazo más serio que me habían dado en mucho tiempo. No puedo recordar si fue corto o largo, solo sé que la sentí.

Casi ni se movió. Nos abrazamos con fuerza y no dije nada. A diferencia de los demás abrazos que di esa tarde, ella no quiso palabras. Solo abrazarse a mí, una completa desconocida y soltar cualquier emoción que tenía guardada.

-"Gracias, me hacía falta", fue lo único que me dijo cuando se despegó. Me miró con mucha seriedad y se volvió a sentar en el borde de la acera donde la encontré. No la vi sonreír, pero sus brazos apretándome y su mirada fija fueron suficientes para comprobar que me había dado un abrazo desde el alma.
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Foto de Humberto Trías
Para ver los abrazos accesar:
La cuesta es tu amiga
Creo que fue la segunda vez que corrí bici cuando conocí a Rafy Pichardo. Esa noche dijo una de esas frases que son imposibles de olvidar: "La cuesta es tu amiga". Lo dijo subiendo la sabrosa cuesta de la calle De La Cruz en el Viejo San Juan. Yo a punto de rajarme y Rafy que volvía: “La cuesta es tu amiga. La cuesta es tu amiga”. Impulsa tu cuerpo pa alante. Ya verás”. Por alguna razón existencial, agarré la frase como un mantra. Y me dio con imaginarme todos mis rocheos espirituales en ese pedazo de brea y adoquines. Si aguanto un poco más, si pedaleo otro tanto. Si resisto. Solo hasta el PARE de la esquina. Una poquito más. Hasta llegar a la esquina. Casi a punto de vomitar, llegué al cruce con la calle San Sebastián. El mareo está brutal, me sube hasta la garganta. Par de chicos, con cerveza en mano, nos miran pasar sentados desde la acera del negocito “La Mascota”. Tengo la sangre bombeándome toda la cara y las piernas. Doblo a la izquierda para agarrar ruta pal Morro. Cruzo por la Calle Tranquilidad, que está oscura y es chiquita. Trato de imaginar si existe alguna metáfora con lo que acabo de hacer. No tengo tiempo pa eso ahora. En menos de lo que imagino, estoy subiendo la cuesta otra vez. Esa noche la subí tres veces. Mi primer gran triunfo en bici, gracias a una frase sugestiva y a un tipo buena gente, que supo despistar mis limites.

1/11/2007


Me persigue el Guernica


He visto este cuadro tres veces en menos de 24 horas. Me asusta y me intriga. El Guernica de Pablo Picasso, el grito contra la guerra más claro que hizo el andaluz y que viajó por muchas ciudades, antes de llegar finalmente, y después de la muerte del pintor, a Madrid. Su destino final.

Anoche en un sueño, fui parte de la construcción del cuadro. Eramos muchos. Unos encima de otros. Estaba Paula y Ana. Ayudé incluso a pintarlo, específicamente las sombras oscuras del caballo. Todos sus bordes. Mientras pintaba, de mí y del cuadro salía una substancia vizcosa, que parecía líquido amniótico. Era como un bebé que me salía de las entrañas, pero también era adulto. No tenía piel. Era todo líquido. Recuerdo haberle visto la forma gomosa suspenderse en el aire. Lo vi de espaldas. Su columna vertebral formada, sus brazos y manos, pero no sus pies. Estaba partido, deformado o en posición fetal. Justo como algunas de las figuras en este cuadro.

Me impresionó mucho la figura que salía de mis entrañas. Era como una muerte que me liberaba. Un ser que finalmente se desconectaba de ese cordón umbilical ancestral.

Me levanté con la imagen muy clara. Comencé los compromisos del día y por la tarde visité una oficina de asesoría financiera. Justo al lado del escritorio principal de la oficina, vi el cuadro. No lo entendí muy bien. Acababa de describir la escena en mi libreta: "Un feto en gelatina sale de mí. Es casi imperceptible. Puedo sentir un cordón umbilical que se va cortando, es una especie de línea gomosa. No es pega. No son lágrimas. Es un ser que parece resbalarse por encima o por debajo de mí. Estoy junto a un caballo que está tomando forma de los colores que le damos. También estoy cerca del mar y veo un accidente terrible. Un gigante tranquilo me acompaña en la odisea. Es silencioso. Apenas se mueve. Es tan grande, que no puedo descifrar las formas más allá de sus piernas".

Tan pronto vi el caballo y las personas deformadas en el cuadro, lo reconocí. Esa imagen era parte de mi sueño. Todavía impresionada con la imagen del cuadro, me fui a una reunión a casa de Rosa. Casi a punto de irme, lo volví a ver, ahora era un cuadro más pequeño, justo en la entrada de su cocina. Casi grito. Y no tuve otra opción, que sumergirme por tercera vez en él.

Hato Rey, miércoles 10 de enero de 2007

9/27/2006


por los de allá

Tengo ganas de llorar... No sé como controlar la emoción, el sentimentalismo, la felicidad. Cuando vivía en España me pasaba. Cada vez que me despedía de mis amigas andaluzas terminaba llorando y soltando mocos de penita boba. Esa complicidad que logras con los amigos que no viven en tu país, es hermosa. Pero a veces desgarradora. Ahora mismo, lloro.

Luego de compartir por 5 días con 15
latinos y un madrileño en este taller de periodismo ambiental en Caracas, se me encoje (?con g o con j?) el corazón. Escucho un ska venezolano, Palmera Skanibales, que me compré ayer en la Feria del Libro de Venezuela y pienso en el Café Seda del Viejo San Juan.

Pienso en entrar allí con algun cómplice del alma para hablar, tomarnos unas Coronitas frías, celebrar esta felicidad, esta contradicción de sentimientos. Pero por el momento, solo me conformo con escribir desde esta habitación de Caracas, de hincharme los ojos de puro llanto, de apostar a que tengo el corazón vivo y cubierto de una nueva capa de quereres.


foto del Cafe Seda por Marta Borbala en
http://www.flickr.com/photos/martafodor/


Caracas, 17 de noviembre de 2006

9/22/2006

La importancia
de los sombreros
Estoy mareada. Con ganas de vomitar. No sé si son las horas frente a esta computadora o el estrés de no querer escribir esta propuesta. Algo grande, aburrido, repugnante se me mete en el estómago. Es asqueroso. Es como sentir la esquina de la iguana en el estómago. Quiero vomitar. Y solo le imploro a Audrey un poco de banalidad. Eso es lo que quiero, para poder dormir y soñar con sombreros.
Hato Rey, 22 de septiembre de 2006