3/29/2007










sutilezas...
roces que te tocan la espalda, te erizan la piel y a veces, si vas muy rápido, ni los percibes. sorbos, sobresaltos, brisas frías. hoy me levanté con esa sensación. apenas recuerdo mis imágenes oníricas de anoche, pero algo frágil, casi como telarañas en acuarela me trajo la idea de mis amigas leyendo cuentos. vi a syl, a nel y a ivy. estábamos sentadas escuchando, papel en mano, café colao, sillones cómodos. una atmósfera azul celeste. la brisa entra por la ventana... se disuelve la imagen. ahora, me llega la imagen onírica de anoche: una competencia en grupo. nos están evaluando, nos toca crear personajes, dibujarlos, entregarlos en papeles blancos de 8 1/2" x 11", hacer una presentación a la clase. en mi grupo somos 13. rochi está sentada al fondo. parece que quiere hacer la presentación. habla de la abuela. de contar el cuento de la abuela. me lo dice, que estoy al otro lado de una mesa. sabemos que no hay tiempo para montar una presentación tan larga. pero no importa, en el proceso reconocemos que tenemos el mismo cuento. parece un descubrimiento importante.
Foto de la ventana de Clarice en:

Naguabo, 29 de marzo de 2007

3/28/2007

Cabeza de vaca

La cabeza está de lado sobre la tierra húmeda. Es una imagen llena de contrastes: negros estridentes, marrones fulminantes, blancos cremosos, sepias. La vaca está degollada, más bien es un becerro brown con los ojos abiertos.
La tierra se siente fresca por la lluvia o puede que el río saliera de su cauce. Siento la corriente cerca. Intuyo todo lo que trae el agua. Lo que viene del otro lado de la montaña. Llegan chasis de carros, basura tóxica, neveras, estufas, ventanas Miami, pedazos de metales, latas corroídas, y muchos animales muertos. Este becerro viene de otro lugar, o tal vez, vivía en la orilla. Mira la tierra con los ojos nuevos. No me impresiona la muerte, siento que esa cabeza es un renacer. Me estremece su mirada.
Naguabo 28 de marzo de 2007.
*Anoche el río estaba crecido y estuve toda la tarde escribiendo sobre manejo de desperdicios sólidos.

3/27/2007

La maga
que trajo el mar


No reconozco su cara ni su nombre. Solo logro verle la panza inflada con un bebé en camino. La mujer acostada en el fondo de la yola también viste de azul. Es negra y muy silenciosa. Apenas mueve el cuerpo o parpadea. La maga, se baja con mucha sabiduría y camina por la orilla como flotando por el agua. No voltea la cabeza. Comienza a dar órdenes con las manos para que viren la yola y suban a su paciente con los pies mirando el mar. Parece que protege al bebé, como si no quisiera que la madre lo escupiera de repente por su mala entrada a tierra.

Hay gente cerca, pero nadie se da cuenta. Solo yo, que me acerco a mirar con cuidado este movimiento clandestino de vida y mar. Parecen invisibles ante la mirada agitada de periodistas y curiosos que se mueven por la costa buscando algún indocumentado ahogado.

La maga percibe mi presencia y me lleva la mano al corazón. Me toca el pecho mientras separa su mano de mi piel y vuelve a tocarme el corazón. Parece medir algo. Yo hago lo mismo. Le acerco mi mano al corazón y la alejo con calma. Siento cosquillitas en la palma. Parece un imán.

-"Ana, Ana", repite mientras camina hacia un pequeño muelle de cemento rústico.

Sé que es el nombre de mi madre. También el de mi amiga, Ana María. Pero algo me dice, que estas mujeres están en peligro. Ana, es la clave y en cualquier momento, las pueden atrapar. Temo por ellas. Pienso en la Virgen. La siento cerca. Me persigno. Miro alrededor tratando de entender qué está pasando. ¿Por qué nadie las ve?

Algo me dice que vienen de San Bartolomé. Esta es su guarida. Necesitan un refugio. La mujer preñada parece santa. Está rodeada de flores blancas y amarillas. Siento tantas historias en la piel. Una tercera, se encarga de ayudar a la maga, de halar la canoa rústica. De subir bolsas al muelle, de halar con todas sus fuerzas esa embarcación vegetal y verdosa.

Aunque nadie me crea, se lo tengo que contar a alguien. Es mi misión. Me siento sola ante semejante milagro. Cuando logro reconocerlo, desaparecen en la costa de Rincón.

*Luego de dormir con "Ojos Lindos" frente al mar.
Rincón, 24 de marzo de 2007
Vuelvo
a soñar
con peces...

Esta vez están todos en un estaque. Hay demasiados en el mismo lugar. El agua está oscura, espesa, y los peces comparten el espacio con otras especies raras. Hay un pez que parece un animal marino, demasiado grande para el espacio. Parece un gusano de mar, cilíndrico y prehistórico. Alguien me dice que ese pez es la mascota de un periodista sensacionalista muy famoso en la radio. Lo miro con asco. Parece un perro sin patas que se mueve sigiloso entre las criaturas más pequeñas. Sé que no pertenece a ese lugar reducido y lleno de peces mágicos.
El estanque está ubicado en medio de un bosque de árboles altos. No me interesa caminar por las veredas. Sólo me entretiene mirar cómo se mueven suaves o desesperados. La imagen se va en sepia. Intento mirar por debajo del agua y descubrir criaturas nuevas.

Creo ver vacas en miniatura que caminan por colinas bajo el agua. Hay insectos que no logro descifrar. Me impresiona que no se coman unos a otros. Están lidiando con su espacio, en cómo moverse bajo el agua, sin tropezar. Veo mundos dentro de sus mundos. Cuevas, puentes, pastos subacuáticos, ritmos desconocidos y minúsculos.

*Anoche llovió mucho y sentí el río crecido. Cuando miré por la ventana estaba fangoso.Fotos de Jeff: http://www.flickr.com/photos/39581010@N00/

Naguabo, 27 de marzo de 2007

Apuesto a la alegría
Es como un hormiguero. Como un popurrí de sensaciones que he tocado a la vez y todas se disparan al centro del corazón y de las emociones. Sanar con prisa, intentar adelantar una etapa de transformación es un error. La sanación camina su propio ritmo. Yo, ilusa en el proceso, intenté pasar el camino más rápido de la cuenta y lo que he hecho ha sido, revolver el gallinero. Tengo muchas gavetas abiertas, imágenes hirientes del pasado que ni sabía vivas. Manos, bocas, palabras que dolieron y que han salido en terapias de sanación, para demostrarme todos los recuerdos que están escondidos en la piel, en los ojos cerrados.


Mirar el pasado para revivir y llorar es un asunto peligroso. Si cuando se hace, no se tiene al lado una chiringa lista para subirla al cielo, una buena comedia para reír, una mano amiga que te recuerde lo maravilloso que han sido tus días.
Mirar el pasado para volver a llorar las penas, tiene su valentía. Pero también, tiene mucho de morbo, cuando no se recupera el alma de tanto dolor y lo que haces es investigar como "detective en la noche" las espinas de tu tallo.
Insisto en que la vida tiene una gran puerta abierta para la felicidad. Y cuando una revuelca la tristeza, esa puerta se pone chiquita y se va esfumando.
Existen teorías del proceso de sombras, del lado oscuro del corazón, de cómo enfrentar tus fantasmas. Hay escuelas que estudian la importancia de enfrentarte a esa parte de una que no es bonita, de mirarla, sanarla y volver a renacer. A mí me hace lógica, desde el punto de vista intelectual. Pero desde el punto de vista vivencial es terrible. Llegar a una oficina cada semana para echarte a llorar, para dar con un bate contra un cojín, para sollozar desconsolada porque un amor te maltrató hace 15 años, eso es más traumático que llegar al pasado. Es diluir la posibilidad de buscar la alegria "aquí y ahora". Respeto a los sanadores que creen en este tipo de tratamiento, pero a mí que me den un arcoiris para pintármelo a la piel, un camino lleno de árboles para correr en bici, una cocina para hacer el almuerzo y alimentar a 6 bocas hambrientas.
Eso para mí es más sanador que contar tus penas a un desconocido, derramando lágrimas duras, cuando sabes que detrás de las ventanas hay trinitarias. Quiero mirar mi vida desde la alegría y enfrentar con una sonrisa mis encrucijadas, aunque luego me tenga que limpiar las lágrimas con el brazo.

Naguabo, 27 de marzo de 2007

3/22/2007


Pan
con
queso


No se me olvida. En los velorios de campo era lo primero que te daban: pan con queso pa mojarlo con chocolate o café. Siempre, siempre, el queso de bola que te llenaba la barriga de fuerza pa arrancar a correr por el patio y conocer a todo el que llegara, echarle un ojo al muerto que dormía rodeado de flores en salas desconocidas y comerte los hielos del dron donde flotaban las cervezas al fondo. Nosotros correteando por toda la casa y el patio, ellos bebiendo ron en vasitos de cartón y cogiendo las cervezas mas frías allá abajo, donde las manitas no llegan.


Esta semana no he visto muertos, pero todos los días he comido pan con queso.
Queso blanco, queso de bola, queso de dieta, pan de agua, pan sobao. A veces voy a casa de Guango y Crucita y me tomo el café sobre la baranda llena de miramelindas. O si no, me amarran una bolsita en el portón, con la ración del día y el telmo de café incluido.

No sé, pero este ritual humilde, me devuelve algo de la infancia, del sabor inocente y dulce en la lengua.

Naguabo, 22 de marzo de 2007

La ropa al sol

Ese olor a ropa que se seca al sol, los aromas a Ace que trae la brisa, los pinches de plástico amarillo, naranja, rojos, azules, los pinches en madera sobre ese hilo de metal, cruzar flores, yerbas silvestres y hormigueros para tender la ropa, lidiar con un coquí que quiere vivir en el lavadero y salvarle la vida con el corazón en la boca, nerviosa de que te brinque encima y te pegue las patitas frías y resbalosas en la cara, la lluvia que va a caer, los árboles que no conozco y tienen hojas grandes y troncos llenos de musgos, el platanal de fondo y el dron color vino, donde cae el agua de lluvia por una ranura larga que sale desde el techo de la casa, tender la ropa en el patio de gratis, sin tener que cambiar pesetas para la secadora que no le cierra la puerta, con la vecina que tiene prisa porque salgas del laundry pa agarrar la máquina, el tenderete lleno de ropa colorida, el gistro azul con flores chinitas, camisitas de dormir shooking pink, el pantalón Adidas negro y violeta pa correr bici, la instalación de colores y textura frente al verde brilloso de este campo naguabeño, lluvioso, mojado, al sol.

Naguabo, 22 de marzo de 2007

Foto de la ropa al sol por Analía en: http://www.flickr.com/photos/anymanetta/295324795/

3/19/2007

Tiro de suerte


Los peces vuelan desde los edificios. Varias personas se encargan de tirarlos con mucha puntería. Tienen maña. Y lo mejor, es que hay que saber agarrarlos, antes de que lleguen al suelo o alguno otro te los quite. Estoy en India, con Judith Gasia y su esposo.

La expedición comienza en un lugar entre Austria y las montañas de San Sebastián. Sé que estoy en las calles de Gandhi por el color de la gente. Hay un festival religioso importante, se siente una energía especial. Hay expectativa. Todo el mundo espera por los peces.
Los lugareños nos miran desde las azoteas grises, como los peces que tienen en las manos. Escogen muy bien los agraciados. Parece que nos estudian con mucha cautela.
El simbolismo de los peces se completa con que agarres muchos en el aire o que logres agruparlos. Hombres y mujeres envueltos en telas claras comienza a tirar peces desde los edificios. Corro por las calles, como si fuera un juego. Intento atrapar muchos. En la primera ronda agarro varios. En la segunda,aunque se resbalan, me tocan tres. Son plateados y brillan con una intensidad brutal. No sé que festival es, ni que simbolizan, pero tenerlos es una dicha. Estoy temblando. Aún tres días después de tocarlos, los recuerdo con claridad.
marzo Naguabo 2007
*Segunda noche durmiendo con el Río Blanco en mi cabecera.
Fotos de peces de halifaxlight en:http://www.flickr.com/photos/halifaxlight/