
por los de allá
Tengo ganas de llorar... No sé como controlar la emoción, el sentimentalismo, la felicidad. Cuando vivía en España me pasaba. Cada vez que me despedía de mis amigas andaluzas terminaba llorando y soltando mocos de penita boba. Esa complicidad que logras con los amigos que no viven en tu país, es hermosa. Pero a veces desgarradora. Ahora mismo, lloro.
Luego de compartir por 5 días con 15
latinos y un madrileño en este taller de periodismo ambiental en Caracas, se me encoje (?con g o con j?) el corazón. Escucho un ska venezolano, Palmera Skanibales, que me compré ayer en la Feria del Libro de Venezuela y pienso en el Café Seda del Viejo San Juan.
Pienso en entrar allí con algun cómplice del alma para hablar, tomarnos unas Coronitas frías, celebrar esta felicidad, esta contradicción de sentimientos. Pero por el momento, solo me conformo con escribir desde esta habitación de Caracas, de hincharme los ojos de puro llanto, de apostar a que tengo el corazón vivo y cubierto de una nueva capa de quereres.
Luego de compartir por 5 días con 15
latinos y un madrileño en este taller de periodismo ambiental en Caracas, se me encoje (?con g o con j?) el corazón. Escucho un ska venezolano, Palmera Skanibales, que me compré ayer en la Feria del Libro de Venezuela y pienso en el Café Seda del Viejo San Juan.Pienso en entrar allí con algun cómplice del alma para hablar, tomarnos unas Coronitas frías, celebrar esta felicidad, esta contradicción de sentimientos. Pero por el momento, solo me conformo con escribir desde esta habitación de Caracas, de hincharme los ojos de puro llanto, de apostar a que tengo el corazón vivo y cubierto de una nueva capa de quereres.
Caracas, 17 de noviembre de 2006

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